¡DEBES SABERLO!: Yamaro, influencia italiana sobre Venezuela

Durante la Segunda Guerra Mundial muchos habitantes de Italia se vieron afectados, despojados de sus cosas y tuvieron que abandonar sus hogares. Por eso una gran cantidad de personas tomaron la decisión de dejar su patria y emigrar hacia otro país. Uno de los destinos más escogidos fue Venezuela, durante la mitad del siglo XX se desplazó una gran ola de italianos que soñaban con emprender, formar su familia y echar para adelante.

Armando Iachini 

Actualmente la inmigración italiana en Latinoamérica es muy destacada, pero sobresale en Venezuela por ciudadanos con descendencia italiana que supieron manejar las dos herencias culturales y traer lo que saben de una para ponerla a la orden en su segunda casa. La labor de los italo-venezolanos es muy respetada, en sus comienzos empezó mayormente con las actividades agricultoras, trabajaron sobre todo en las tierras del estado Portuguesa.


Al pasar los años los descendientes encontraron su propio camino y se abrieron paso en otros aspectos laborales, muchos se concentraron en prestar servicios comerciales, relacionados con los alimentos y la industria de la construcción. Un buen ejemplo de lo último es la empresa Yamaro, fundada en el año 1969, ya posee casi cincuenta años prestando servicios de calidad y empleos a muchos venezolanos.

Armando Iachini 

La constructoraYamaro es la responsable de obras de gran importancia en los estados Guárico y Apure, pero también llevaron a cabo las carreteras de San Fernando, Paso Arauca, Puerto Páez entre otras vías de transporte imprescindibles para el crecimiento de Venezuela.

Dentro del mundo de la construcción los italianos alcanzaron abrir camino y establecerse dentro del mercado venezolano, a pesar de las adversidades, lograron llegar a la cima del escalón y ahora poseen un gran predominio dentro de la economía del país demostrando que con perseverancia y muchas ganas, dos muchachos que vinieron de otro país fueron capaces de crear una empresa sólida y eficiente.

Por Armando Iachini



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